Tras estar un montón de meses imaginando cómo iba a ser el momento en el que vería a mi niña, que sentiría, que pensaría, que cara tendría... en parte tenía miedo de que todas las expectativas de que fuera un momento maravilloso fueran excesivas y no sintiera lo que se supone debe sentir una madre al ver a su hij@.

Entré en el quirófano una hora más tarde de la hora prevista. Todos eran muy amables, pero yo estaba tan y tan asustada... Era la última prueba antes de tener a mi niña en brazos, la última ocasión de que algo saliera mal... tan cerca y a la vez tan lejos. Miedo a que me "abrieran en canal" como llevaba días diciendo...

Allí estaba mi médico, el que había salvado a mi niña 30 semanas antes. Le acompañaba otro doctor (que luego resultó ser enfermero) que también había estado en la operación de agosto... la verdad es que me dió mucha seguridad estar entre "manos" conocidas.

El anestesista muy simpático también... me daban conversación, me preguntaban cosas sobre mi y la niña... llegó el momento de la epidural... una enfermera me obligó a doblarme de mala manera mientras el anestesista me pinchaba por detrás... bufff, no sé si dolía más el doblado al apretarme la barriga, o el pinchazo.

El anestesista me dijo que quizás notaría un poco de naúseas o mareo, que era totalmente normal y que no pasaba nada... delante de mí tenía telas verdes que no me dejaban ver nada (afortunadamente). De repente las naúseas empeoraron y sólo tuve tiempo de decir "voy a vomitar".

El anestesista sostenía a mi izquierda otras telas verdes en las que yo iba vomitando... pensé que me moría allí mismo... me dijeron que eso ya no era tan normal, que a veces ocurría, pero no era lo normal... Qué raro que me pase a mí... Hay que añadir que yo lo pasó muy mal vomitando, me da mucha sensación de ahogo, y claro... vomitar en posición horizontal rodeada de desconocidos y con los brazos en cruz atados no es muy agradable.

Decir también que, con la epidural no se nota el dolor, pero se nota TODO lo que están haciendo los médicos. Yo noté cuando estaban abriendo y noté (mucho) cuando estaban metiendo mano en mi interior para sacar a la niña.

En un momento determinado, mi doctor dijo "En un minuto ya la tenemos aquí"... y así fue. A las 21.15 . de repente y por detrás de las telas verdes, el doctor Cusnaider sostenía a mi niña en alto. Estaba toda estirada, cubierta de grasa toda blanca, con los brazos y piernas extendidas... ¡¡tan pequeña!! Y viéndola allí, a un metro de mí, me enamoré de ella en ese mismo momento, y cayeron las lágrimas.

Desaparecieron los miedos, las dudas, las inquietudes... Dúnia ya estaba conmigo y esa imagen la tengo grabada en mi mente, lástima no tenerla en papel porque no me gustaría olvidarla.

En poco más de un minuto, el tiempo de cortarle el cordón y de envolverla con una toalla, me la pusieron al lado, mientras la comadrona la sostenía... había imaginado tantas veces ese momento, lo que le diría...

Hola Dúnia, benvinguda Dúnia, hola carinyo, ja estàs aqui... costaba mucho articular alguna palabra... era tal el sentimiento de emoción contenida... tantos meses (y años) esperando este momento y ya estaba...
De repente empezó a gritar y llorar... enmedio de ese llanto descontrolado e histérico (para que engañarnos) se oyó un "mama". La comadrona lo comentó entre risas y yo pensé... Esta es mi hija :)

Y mi vida cambió en ese justo instante. En el mismo momento que tuve a mi niña frente a mí. Mi vida ya no era sólo mía... era también para ella.

Esta noche a las 21.15 hará 2 semanas de ese mágico día y mi vida es diferente desde ese momento... de hecho, casi no recuerdo como era antes...

En realidad, desde ese día mi vida ya no tiene sentido sin ella.

Dúnia a las 21.36 del 23 de Febrero del 2011... 11 minutos de vida.