A partir de la semana 26 de embarazo el pequeñín hará sus primeros gestos y arrumacos. Igualmente, empezará a hacer uso de más reflejos importantes como el reflejo labial de succión, dado que empieza a chuparse el dedo con virulencia. La mayor parte del día, tu bebé estará durmiendo. Así que el tiempo que pase despierto tendrá más energía y, por tanto, estará muy alerta a todo lo que sucede en su entorno.

Cuando oiga ruidos repentinos, sacará sus reflejos de protección extendiendo sus brazos y piernas como mecanismo de autodefensa. Hoy en día, con las comodidades de la vida humana, este instinto no se hace tan necesario como lo era para nuestros antepasados. Sin embargo, otros reflejos sí lo son. Es el caso del reflejo que consiste en ingerir medio litro de líquido amniótico al día. Esta tendencia natural ayuda a que el sistema digestivo se desarrolle bien.

Tiene el tamaño aproximado de 35,5 centímetros desde la cabecita hasta los talones. Su peso se triplicará desde ahora hasta que nazca, ya que en las próximas semanas irá acumulando grasa muy rápidamente. El bebé necesita la grasa para poder ajustarse a la temperatura más fría que hay fuera de ese lugar tan calentito donde se encuentra ahora. Además, esa grasa será una fuente de energía y calorías en sus primeros días de vida. Es común que los recién nacidos, especialmente los que son amamantados, pierdan peso la primera semana después de nacer.